Imprimir la Información Imprimir la Información

Muelle 1

Publicado el 07. Feb, 2010

Fronteras

Carlos Duayhe Villaseñor

Algunos amigos radicados en el norte del territorio mexicano -Tijuana y Ciudad Juárez por citar dos casos particulares- coinciden en advertir que si se quiere vivir relativamente lejos de los riesgos potenciales de la delincuencia no hay que asomarse, ni de lejos, en colonias alejadas o desconocidas, ir a bares, cantinas, bailes y cerrar, hasta con algunos vecinos, el pico.
En esas grandes urbes los nativos son una minoría y poco se relacionan con los fuereños que hacen mayorías, un fenómeno que ya se repite en casi todas partes del país.
Quienes se relacionan entre sin son personas probadas y contadas, colegas, parientes, amigos. Los grupos se hacen cada vez más selectivos y salvo por intereses comunes -de orden político, económico o familiar- se da la comunicación y se estrechan lazos siempre con sus asegunes.
Me contaban que en Ciudad Juárez nadie te hace caso y menos son accesibles salvo por algunas de las razones ya expuestas.
Unas amistades acudieron recientemente a una boda por aquellas tierras y tomaron un taxi hacia el templo lejano; al concluir la ceremonia religiosa salieron con la intención de encontrar alguna conductor caritativo que los regresaran antes de tomar otro taxi. Oh gran sorpresa: se percataron de que nadie les habló ni los llevaron; el sacerdote fue el último en salir y apiadarse literalmente de los extraños para darles aventón y de pasada informarles que es altamente riesgoso andarse quedando en lugares tan apartados.
Lo único claro es la situación complicada en esas zonas no sólo en lo que a delitos comunes se refiere, sino a la guerra que libran distintas bandas por mantener y acrecentar sus territorios y cuyas consecuencias indignantes se ven como lo sucedido en un popular barrio de Juárez a orillas de la frontera con el Paso, Texas y que por evidente equivocación hubo una mascare de 16 personas, la mayor parte de jóvenes bachilleres.
Aun cuando los delitos graves como homicidios han paradójicamente disminuido en las última dos décadas en el país y hay estados de la zona sur -Guerrero, Oaxaca y Michoacán-con mayor índices que las ciudades norteñas, incluidas las originales mencionadas en este escrito, la sociedad piensa distinto.
Fernando Escalante Gonzalbo hizo un estudio de los homicidios en México de 1990 (14 mil 580) a 2007 (ocho mil 507) respectivamente. Son datos judiciales, de actas levantadas. Ello, de cualquier forma, no es consuelo de nada y muchas víctimas inocentes -que las hay por diversas circunstancias- son recordadas solamente por sus familias rotas.
Llama entonces la atención lo decidido por el gobernador de Chihuahua, José Reyes Baeza, quien ya de plano se llevó el gobierno completo de la capital a la vecina Juárez. Es decir, los tres poderes del estado estarán allá “por tiempo indefinido”
De pasadita solicita al presidente Calderón las inversiones prometidas por tres mil millones de pesos que se destinarán a obras de infraestructura básica y programas de seguridad y sociales, que tanta falta hacen allá y que han llevado a esa urbe fronteriza a considerarse sin más como la más riesgosa del mundo.
Entonces sí, algo hay que hacer.

Escriba su comentario