De “tienditas” a microempresas

Publicado el 15. may, 2012

Don Rodrigo Armando Solís Osorio es ya un adulto mayor, propietario de Abarrotes Rosy, con 40 años de funcionamiento, ubicado en la esquina de la calle Norte 8 y Oriente 19, en Orizaba

Orizaba, Ver., 15 de mayo de 2012.- Atrás quedó la imagen de la miscelánea tradicional porque las “tienditas de la esquina” desarrollan una estrategia de mercadotecnia para ganar terreno. A través del programa La Jarocha Próspera, el Gobierno del Estado inició la transformación de 250 establecimientos para hacerlos competitivos frente a las franquicias.

 

La reestructuración de los pequeños comercios a principios de año en municipios como Córdoba, Orizaba, Boca del Río, Tuxpan y próximamente Xalapa continúa transformando nuevos espacios comerciales.

 

La Jarocha Próspera tiene como finalidad convertir las “tienditas de la esquina” en pequeñas empresas, más eficientes, competitivas y con un elevado nivel de calidad que permita a los propietarios captar mayores ingresos y a los clientes, recibir un servicio digno y con precios accesibles.

 

El consultor y capacitador del Programa de Reconversión del Comercio Minoritario que promueve la Secretaría de Desarrollo Económico (Sedeco) en el estado, Raúl Reyes Pimentel, se refirió a este mecanismo como “un intenso trabajo de reingeniería de los pequeños establecimientos que ha dado resultados exitosos en pocas semanas.

 

“Trabajamos mucho en romper esos viejos paradigmas para que los propietarios reorienten su trato y su labor detrás del mostrador. Es decir, que dejen sólo de despachar productos y que asuman una actitud de vendedor, o sea, ofrecer productos al consumidor para impulsar el movimiento de su inventario y aumentar los ingresos por mayor venta”.

 

También, explicó que una intensa capacitación a los propietarios en materia de contabilidad es de suma importancia en la administración del establecimiento, para tener un mejor control y monitoreo con finanzas sanas.

 

“Sin duda, el manejo del inventario es primordial, porque de la entrada y salida de productos a la venta, permite al tendero tener siempre productos frescos, con poca permanencia en el establecimiento y consecuentemente un flujo de dinero más ágil”, explicó.

 

Don Rodrigo Armando Solís Osorio es ya un adulto mayor, propietario de Abarrotes Rosy, con 40 años de funcionamiento, ubicado en la esquina de la calle Norte 8 y Oriente 19, en Orizaba. Ya inscribió su negocio para someterlo a la reconversión y será su yerno, Bernardo Bello Vázquez, quien se haga cargo del proceso de restructuración.

 

“Hemos visto otros negocios que han progresado, y estamos ya trabajando con los responsables del programa. Éste es el patrimonio de mi familia y pues vamos a entrarle”, expresó entusiasmado.

 

El programa, dentro de sus líneas de acción, ofrece capacitación a los propietarios por espacio de más de 80 horas semanales, que también incluye asesorías en el negocio.

 

A diario, un asesor apoya en los trabajos de contabilidad, estrategia de ventas o mercadotecnia e inventario a los dueños, para alcanzar la meta.

 

La reconversión también incluye el remozamiento de los locales, pintura, reemplazamiento y acondicionamiento de la instalación eléctrica, rotulado exterior e interior y el acomodo estratégico de estantes, enfriadores, exhibidores, mostradores para optimizar el espacio y hacer más agradable y confortable la estancia en el negocio por breve que ésta sea.

 

Bernardo Bello comentó que “va a ser mucho trabajo porque tenemos que reacomodar toda la mercancía que por años hemos venido acomodando a nuestro modo, pero le entramos, porque ya vimos que va a quedar bien”.

 

Una de las propietarias que ya goza de los beneficios del programa es Julia Pimentel López, cuyo establecimiento, Miscelánea July, con 12 años de antigüedad, es el sostén económico de tres personas.

 

Ubicada en una esquina de las calles de Orizaba, el pequeño establecimiento dista mucho en aspecto de otros negocios que no han recibido la transformación. Debidamente iluminado, espacioso, con una apropiada distribución estratégica de la mercancía para una mejor ubicación visual.

 

“Falta concluir con sólo detalles como el rotulado y las lámparas, pero con este cambio mis ventas han subido en 30 por ciento más o menos”, comenta sonriente. “Mis clientes me preguntaron si me asocié con alguien o si amplié la tienda, pero les digo que no, que sólo reacomodé las cosas”.

 

Raúl Reyes explica que uno de los ejes importantes dentro de la capacitación es que los propietarios ya no vean la tiendita como un “changarro”, sino como una pequeña empresa de la que viven, un patrimonio que les permite vivir, y por eso hay que mantenerla, respetarla y llevarla siempre hacia adelante.

 

“Es común que las grandes empresas trasnacionales lleguen a un modesto comercio y ellas marcan las condiciones de venta. El propietario solo ve cuánta mercancía le dejan, recibe la factura y paga. Lo que pretendemos es que sean ellos quienes tomen el control de lo que desean vender y en qué cantidad, para que su inventario tenga rotación y evitar así llenarse de productos que no se venden y que les representan pérdidas”.

 

Al llegar a un tercer establecimiento, El Tendajón, cuyo proceso de reconversión inició hace casi dos meses, el cambio y el concepto de un establecimiento digno es perceptible desde que el cliente pone el pie dentro.

 

Juan Cuagquetzale Cueyactle, de 37 años, es un joven dinámico, decidido a crecer en su empresa. De ella se mantienen cuatro familias. El Tendajón tiene 20 años de funcionar y fue establecido por el padre de Juan.

 

“Cuando le comenté a mi papá, le gustó la idea del cambio. Le entramos y estamos contentos porque los clientes sí ven el cambio, ahora la tienda les gusta más y se quedan un poquito más de tiempo platicando y ahí aprovechamos para venderles otra cosita”.

 

Reservado a la hora de hablar de ingresos y dinero, Juan sólo acepta sonriente que “las ventas pues sí han subido bien” gracias al esfuerzo invertido en casi dos meses de arduo trabajo. Mientras nos atiende, un asesor está ahí con él, dinero ficticio en mano, monedas simbólicas sobre el mostrador para explicarle todo lo relativo a la administración del establecimiento.

 

“Vienen todos los días, no fallan, llega un momento en que sí nos sentimos un poquito cansados, pero vale mucho la pena, sobre todo porque no nos cuesta nada.

 

“Tenemos prospectos para que ingresen al padrón, pero en muchos casos los propietarios quieren dinero en efectivo y este programa no está diseñado para ofrecer recursos”, explica Reyes Pimentel. “Nosotros no les damos pescado, los enseñamos a pescar, ésa es nuestra labor”.

 

La reconversión de estos establecimientos a partir de los aspectos que aborda para lograrlo permiten a los microempresarios ser más competitivos ante cadenas comerciales con las que en muchos casos no se puede competir teniendo condiciones precarias.

 

Sin embargo, con un cambio de enfoque, un cambio en el concepto de establecimiento, los tenderos pueden ver mejorías en sus negocios en un muy poco tiempo. Ahí radica el éxito de este programa estatal.

 

 

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