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Leer era nuestra manera de abrirnos al mundo, de respirar libertad, de conocer sin censura: Pozuelo Yvancos

Publicado el 12. Feb, 2012

segunda parte

  • “Hay cincuenta o sesenta escritores, no más, que hay que conocer”.
  • “La teoría se tiene que plantear el problema de Internet y de cómo los nuevos medios comunican con la literatura, cómo ésta va administrando el futuro del libro, el problema de la memoria y de la lectura”.
  • “Entiendo la teoría literaria básicamente como un lugar de encuentro de diferentes discursos sobre la literatura; diferentes discursos que proceden de la sociología, antropología, psicoanálisis o de la propia contemplación lúcida de lo que está pasando en el mundo”.

Xóchitl Partida Salcido

El crítico español José María Pozuelo Yvancos es dueño de una visión sobre la teoría literaria que va más allá de verla como una medicina que se aplica a un paciente (el texto literario). Él la entiende como algo mucho más rico y complejo: “La teoría hoy debe plantear las cuestiones que faciliten la comunicación de la literatura con la sociedad a través del pensamiento” -explica-.

Pozuelo Yvancos es teórico y catedrático de Teoría de la literatura y Literatura comparada en la Universidad de Murcia desde 1983. Ha publicado quince libros sobre teoría literaria, entre los que destacan Poética de la ficción, Teoría del canon y literatura española, De la autobiografía, Teoría y estilos, entre otros. El también colaborador, con una reseña semanal, en el Suplemento Cultural del periódico ABC estuvo en octubre del año pasado en la Universidad Veracruzana (UV) para impartir el seminario “Desafíos de la Teoría literaria. Del canon a la escritura del yo”. Importante visita que yo aproveché para hacer esta entrevista.

P. ¿Qué nos sugiere para conocer, por lo menos, los títulos más destacados de la literatura universal?

R. Yo tengo treinta años más que tú y es posible que cuando tenía tu edad había leído mucho menos que ahora; aunque pertenezco a una generación muy lectora. Nosotros leíamos mucho, éramos muy inquietos, pero en gran medida porque soy hijo de una dictadura, y leer era nuestra manera de abrirnos al mundo, de respirar libertad, de conocer sin censura. Pero también es cierto que cuando yo tenía veintiséis años había leído una tercera o cuarta parte de lo que he leído ahora, así que no pasa nada.

P. ¿Pero si no pertenecemos a una generación como la suya: muy lectora?

R. Debes tener tranquilidad y decir: “a mi ventaja tengo el tiempo”. Yo, por ejemplo, ya no voy a poder reeler todo lo bueno que quiero volver a leer. Por lo menos tú y la gente de tu edad tiene tiempo, pero necesitan la capacidad de ver y el interés. Uno lee las lecturas obligadas porque hay que hacerlo; sin embargo, hay que ir ganando espacios para leer aquello que realmente deseamos leer. Uno oye hablar de Kafka, o de Proust, o de Nabokov, y uno piensa: “yo no he leído a Nabokov y no sólo el profesor habló de él, alguién más lo mencionó también, entonces voy a leerlo, quiero leerlo”. Es decir, yo creo que hay cincuenta o sesenta escritores, no más, que hay que conocer. Pero no es el canon nacional, es lo malo de los canones nacionales, a lo mejor de ellos hay cinco o seis mexicanos, y uno dice voy a leer a Octavio Paz, Fuentes, Rosario Castellanos, Poniatowska, Villoro, Pitol, Margo Glantz, Arreola o Rulfo, he nombrado algunos de un nivel bueno; pero, sobre todo, hay que tener conciencia de que Thomas Mann, Kafka, Proust, Clarín, Stendhal, escribían para ti (me señala y sonríe). No escribían para los franceses, ingleses o los de su época. No, ellos escribían para ti. Si te configuras una pequeña biblioteca de doscientos títulos de treinta autores, con eso tienes para pasar cuatro o cinco años buenos.

P. Aveces los programas de literatura son nacionales y en ellos se sacrifica la lectura de obras universales que valen la pena.

R. Uno de los grandes males que tenemos en la enseñanza es el haber regionalizado la literatura, porque de esta manera la estamos dañando. Por eso he creado en Murcia un posgrado que se llama doctorado en literatura comparada donde igual entran autores mexicanos que alemanes, franceses, españoles. En cierta medida somos herederos del espíritu del siglo XIX, y este siglo en eso no fue demasiado positivo, porque configuró microcosmos nacionales, los cuales se sirvieron de la literatura para afirmar la identidad nacional, pero la gran literatura es aquella que es “traductible”. El buen autor mexicano es alguien que al ser leído por un hombre de Pakistán, es entendido por éste.

P. ¿Los que son cosmopolitas?

Claro. Si te das cuenta, los verdaderamente grandes escritores no leen únicamente al mexicano anterior, ellos están dialogando con Cervantes o con Tolstói, con la cultura universal. Octavio Paz era un lector empedernido en idiomas distintos. Si los escritores tienen una familia con parientes en todos los países o lenguas, por qué los profesores nos empeñamos en reducirlos a la familia cercana. Creo que es una limitación que ocurre en México, en España, en Francia y en todos lados.

P. ¿Hoy en día, bajo qué condiciones es posible hablar de teoría de la literatura?

R. Durante mucho tiempo la teoría literaria proporcionó instrumentos analíticos, le dio categorías a la narrativa, a la llamada narratología, a la semiótica teatral con los elementos escénicos y espaciales, a la lírica con la pragmática y la rítmica. Largo tiempo la teoría estuvo vehiculando procedimientos de análisis textual, pero ese ciclo terminó. Fue necesario, porque antes los discursos sobre la literatura eran meramente historiográficos: fuentes, influencias, el autor, obras, temas, impresiones. Era un discurso falto de solidez, en el cual las interpretaciones no estaban apoyadas por análisis finos, contrastados y elaborados. La teoría sirvió para crear esos discursos analíticos que no existían, pero hoy en día esto está agotado. La narratología ha llegado a un estado de depuración muy grande, la semiótica también. ¿Ya qué vas a analizar?, la hipodiégesis tercera de no sé qué. Ahora la teoría debe plantear las cuestiones que faciliten la comunicación de la literatura con la sociedad a través del pensamiento.

P. ¿Por ejemplo?

R. Por ejemplo el lugar complicado de los cruces interraciales, el fenómeno de la inmigración y cómo la literatura acoge los lugares conflictivos. La teoría tiene que plantearse estas cuestiones: ¿qué ocurre con los discursos coloniales y poscoloniales?, ¿qué es el poscolonialismos?, ¿cómo se administran hoy las nuevas formas de colonialismo? Considero que la teoría comunica con el pensamiento, con la filosofía, pero no con la filosofía abstracta, sino con una muy concreta. Ahora mismo la teoría se tiene que plantear el problema de Internet y de cómo los nuevos medios comunican con la literatura, y como ésta va administrando el futuro del libro, el problema de la memoria, de la lectura, mil cosas.

P. ¿La teoría empieza a no tener casa propia?

R. Exacto. Empieza a ser visitante de otras, a las cuales incorpora un elemento de fuente reflexivo, pero que no es sólo filosofía, porque al mismo tiempo llevas las obras. No hay teoría posible que lo sea desde un sistema abstracto, tiene que partir de la propias obras y tiene que reflexionar realmente a partir  de lo que las obras están proponiendo. Por ejemplo, un tema que planteé el otro día: qué autores se traducen y por qué. Tú tienes que explicar la “traductividad”, la inteligibilidad, habrá autores que no sean entendidos fuera de España o de México y otros sí. Son muchos los problemas, pero yo entiendo ahora la teoría literaria básicamente como un lugar de encuentro de diferentes discursos sobre la literatura; diferentes discursos que proceden de la sociología, antropología, psicoanálisis, o de la propia contemplación lúcida de lo que está pasando en el mundo.

P. ¿Así que la teoría sirve siempre y cuando no se le aisle de los discursos filosóficos, sociológicos, psicológicos, etc.?

R. La teoría ya cumplió su papel ancilar: al servicio de la textualidad. Ahora tiene que cumplir el papel de comunicación con los grandes asuntos humanos.

P. ¿Como cuáles?

R. Por ejemplo, son temas de literatura comparada literatura y exilio, el lugar del exilio, la literatura y el horror, quiero decir, los márgenes, el tema del mal, de la paternidad o de la maternidad, tantas cosas. La literatura los dice a su modo y explora lugares que para entenderlos tú necesitas dotarte de discursos complejos. Hubo un momento en que la teoría literaria se fijaba en la literatura como lenguaje y claro que es lenguaje, claro que la literatura tiene una dimensión fónica, sintáctica, de creación de lenguaje, pero también es un lugar de exploración. Todo lo que yo sé de los rusos lo sé por Chéjov, Tolstói, Turgueniev y las películas de James Bond (risas).

P. ¿Cómo hacer que las herramientas teóricas sirvan para comprender las obras literarias?

R. Las preguntas no surgen de modo espontáneo casi nunca, la actitud de preguntar sí. Lo que uno no debe dejar pasar nunca es la curiosidad, pregunarse el porqué. Hoy en el seminario he planteado una pregunta: ¿sería distinta la autobiografía de una monja que la de un fraile? No lo sé, pero voy a indagar, voy a elegir quince autobiografías de cada uno y voy a establecer elementos comunes y diferenciales. Otra, un estudio que me gustaría hacer es sobre Louis Althusser, filósofo francés muy conocido en los años sesenta que tiene dos autobiografías: una titulada Los hechos y otra El porvenir es largo. Althusser asesinó a su mujer y fue internado en un psiquiátrico, donde escribió El porvenir es largo, entonces yo me hice la siguiente pregunta: ¿por qué alguien tiene necesidad de volver a escribir su vida si ya la contó? Así que, ¿por qué no hago un estudio comparado entre las dos versiones? Es sorprendente, la segunta autobiografía da para explicar por qué llegó a matar a su mujer. Cosas que había contado de una manera en la primera autobiografía las cuenta de otra manera en la segunda. Lo primero es la curiosidad, eso te lleva a una investigación.

P. ¿Usted tiene un punto de vista teórico preferido?

R. Hubo un tiempo en el que uno lee a Roland Barthes, a Bajtín, a Walter Benjamin, Eduardo Guillén, a grandes teóricos y uno dice: “pues yo voy a hacerlo así”. Alguien se esfuerza por imitar a los maestros, por seguir su camino y eso no es malo, porque el sistema de aprendizaje es ese, uno aprende así, pero llega un momento en el que a uno no le queda tanto tiempo, ya has logrado tener la vida resuelta en el terreno material, estás establecido, ya no tienes que desmostrar nada a nadie. Entonces qué sigue. Yo decidí: “ya está, voy a hacer lo que quiero”. Te dedicas a enseñar a los jóvenes, a tus alumnos. Hoy una chica joven que está haciendo la maestría en la UV me dijo: “estoy muy agradecida, porque yo había leído algunas cosas suyas y había visto que usted es muy inteligente, pero yo no sabía que era usted generoso”. Eso es una cosa muy, muy hermosa que me llega al corazón, porque al final un alumno lo que tiene que ver del maestro es que sea generoso.

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