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La literatura, la lectura y la comunicación, mi pasión: Pozuelo Yvancos
Publicado el 20. Jan, 2012
Hispanoamérica, la tierra del cuento
- Reconoce prestigio de la Universidad Veracruzana
- Donde yo realmente he intervenido como teórico es en el mundo de la construcción de la ficción.
José María Pozuelo Yvancos, reconocido teórico y crítico español, catedrático de Teoría de la literatura y Literatura comparada en la Universidad de Murcia desde 1983, estuvo el pasado mes de octubre en la Univerversidad Veracruzana (UV) para impartir el seminario “Desafíos de la Teoría literaria. Del canon a la escritura del yo”, primer seminario de teoría de la literatura que Pozuelo dicta en nuestro país. El seminario tuvo lugar dentro del marco de los festejos por el 40 aniversario del Instituto de Investigaciones Lingüístico-Literarios (IIL-L) de la UV.
Pozuelo Yvancos, autor de 15 libros sobre teoría literaria entre los que destacan Poética de la ficción, Teoría del canon y literatura española, De la autobiografía, Teoría y estilos, nos sorprendió más que por su eminencia, de todos conocida, por su generosidad, su sonrisa constante y la claridad en la exposición de los temas por naturaleza complejos, pero que él supo transmitir con entusiasmo y didáctica. El teórico literario habló para Punto y Aparte y comentó que su visita a la capital de Veracruz resultó una experiencia muy grata porque la UV tiene mucho prestigio, por la tradición cultural de la ciudad de Jalapa, porque las personas que lo invitaron, como Norma Angélica Cuevas Velasco, directora del IIL-L, “tienen también un prestigio, saben de lo que hablan y te hacen una propuesta sabiendo lo que tú has trabajado y eso es de agradecer” -dijo-.
El también colaborador, con una reseña semanal, en el Suplemento Cultural del periódico ABC, agregó que para él constituye un orgullo, una satisfacción y hasta una sorpresa, que sus libros hayan llegado a la República Mexicana y que algunos sean bastantes conocidos. “Eso da gusto porque hoy día los mundos de la teoría y los de la investigación se están, en cierta forma, localizando demasiado, lo local está dominando los ámbitos discursivos. Entonces, el que me pidieran un seminario de teoría de la literatura para mí representaba una satisfacción, porque las referencias que uno hace en el seminario a Paul de Man, Derrida, al Canon de Harold Bloom, las que estoy haciendo, que son naturales en el tema que estoy tratando, son conocidas aquí. A veces vas a lugares y para hablar de cualquiera de éstos necesitas la pizarra para escribir sus nombres, pero aquí no hay esa necesidad porque México es un lugar en el que se trabaja la teoría literaria” -aseguró-.
-¿Cuáles fueron las líneas generales del seminario que impartió en la UV?
Fueron dos líneas que me interesan: el canon, no sólo como cuestión teórica, sino con ejemplos de investigaciones concretas que he desarrollado sobre ver cómo ciertos autores han entrado o no en el catálogo muchas veces de modo fortuito y algunas veces injustamente postergados etc. Lo que derivó hacia una propuesta de estudio empírico de cómo las historias de la literatura, las antologías, los autores van, en cierta medida, entrando en el canon escolar. Frente a una concepción esencialista que entiende que la canonizidad se argumenta como un principio estético, que por sí solo vale, hice una defensa de lo que creo que es el canon: un carácter polisistémico en donde intervienen diferentes elementos de naturaleza ideológica, sociológica, de mercado y de distintos ingredientes. Y luego, la otra parte del seminario se desarrolló sobre lo que he llamado escrituras del Yo, cuyo centro es la autobiografía, pero no es la única. Estudiando las teorías, hice una delimitación de la autobiografía, las memorias y el diario íntimo, ya no me dio tiempo de ver el ensayo. Para mí el problema de la protuberancia que hoy está adquiriendo el Yo narrativo también es una cultura común, es una expresión que se da en todos los países: el que de repente durante siglos la literatura del Yo, la literatura testimonial, estuvo sumergida y ahora, sin embargo, hay mucha. Elegí esas dos cuestiones porque quería dar esa dimensión general teórica.
-Este es el primer curso de teoría literaria que usted imparte en México.
Sí. Yo había venido dos veces. Una como turista, recorrí Yucatán, D.F., y Teotihuacan, fue estupendo; pero ya como profesional había estado en Guadalajara hablando de semiótica de la poesía y también tuve una intervención en el Tecnológico de Monterrey, en la ciudad del mismo nombre, en ocasión de un congreso de hispanistas que se celebró hace seis años (2005) en la conmemoración del cuarto centenario del Quijote. En esas dos ocasiones eran conferencias, intervenciones en congresos, ponencias, pero no había estado nunca dando un seminario completo como éste. Aquí he dado veinte horas en cinco días. En esta oportunidad ya pude conocer mejor, porque estás metido en el mundo mexicano. En estos otros lugares, como Monterrey, eran congresos internacionales en donde había españoles, alemanes, norteamericanos, ingleses, también mexicanos, pero allí con el mundo mexicano comunicas menos; sin embargo, aquí sí comuniqué porque otra gran sorpresa, que es una cortesía enorme, es que me he encontrado que a este seminario que impartí en la UV vino gente de la UNAM, de San Luis Potosí, de Guadalajara, de Puebla, vinieron de diez universidades de México.
-¿Cuál considera usted que ha sido su aportación a los estudios de teoría de la literatura?
Yo tengo un libro titulado Desafíos de la teoría literaria que publiqué en Venezuela y en él quise reunir lo que habían sido mis preocupaciones. Pero quizá donde yo más he intervenido es en la teoría de la ficción. Mi libro Poética de la ficción y el De la Autobiografía tienen bastante que ver la discusión acerca de la ficción. Aunque yo empecé trabajando el lenguaje poético de Quevedo, ahí aplicaba conceptos de los formalistas rusos, pero era más de aplicación, donde yo realmente he intervenido como teórico es en el mundo de la construcción de la ficción. Eso es un poco mi aportación. Y un pequeño servicio fue siempre plantear las cuestiones teóricas con claridad. Yo nunca he querido que la teoría tuviera un lenguaje obtuso. Aquel que no sabe explicarse, es que no lo ha entendido bien. Muchas veces la teoría se hizo un parapeto terminológico, metalingüístico, difícil de entender. Yo siempre favorecí, conociendo esos sistemas, no agazaparme detrás de ellos y comunicar las ideas con un poco de claridad.
-¿Entonces el hecho de que usted escriba sus estudios de teoría literaria más en la forma del ensayo que en la de los manuales atiende a una convicción de que la teoría literaria tiene que escribirse con claridad?
Sí. Hay que escribir claro porque como decía Ortega: “la claridad es la cortesía del filósofo” (risas). Uno tiene que ser cortés y educado, no debemos hablar para no ser entendidos, si es así mejor cállate. Si no logras explicarte para qué hablas, ¡cállate! (risas).
-¿Nunca hizo manuales?
Bueno, he pasado por ambas cosas. Mi obra Teoría del lenguaje literario es de corte académico y está de libro de texto en once o doce universidades en España que estudian teoría con él, lleva seis ediciones. ¿Qué ocurre?, he escrito manuales, pero formaban parte de un momento en el cual yo tenía que explicar las teorías, que a veces se daban confusas. He pasado por esa etapa, pero conforme me fui haciendo mayor, me fui dando cuenta de que realmente a mí lo que me gusta es la literatura, lo que me tiene aquí es la lectura y la comunicación. Y entendí que tenía que ir hacia un tipo de género más suelto, más reflexivo, más maduro, menos escolar, ¿yo qué sé?, porque es lo que me gusta escribir. Y, además, moviéndome, porque Desafíos de la teoría trata problemas de diferentes textos, tengo publicados quince libros. Resulta que he ido surcando diferentes problemas, tengo dos trabajos sobre poesía, tengo sobre la ficción, sobre narrativa, la autobiografía. Ahora me interesan los problemas del ensayo y también la parodia, las dos cosas me interesan mucho, porque creo que la teoría es un lugar para el ensayo, en el cual alguien ve aquello que le preocupa de manera reflexiva, se plantean los temas que son difíciles de resolver, pero que debemos plantear porque nos preocupan.
-¿Y ahora por dónde continúa su trabajo?
Acabo de publicar en España, todavía no ha llegado acá, el tomo VIII de la Nueva historia de la literatura española que está publicando la Editorial Crítica y que está llamada a ser, yo creo, la nueva historia de la literatura. El volumen que hice lo titulé Historia de las ideas literarias. Me habían encargado una historia de la teoría literaria y yo dije que no tenía interés en hacer tal cosa, que yo quería hacer una historia de las ideas literarias, porque las ideas muchas veces no han estado en teóricos, sino en escritores. Quiero decir que Alfonso Reyes no era un teórico de la literatura, pero era un escritor y tenía ideas y Juan Benet, novelista español, también, o Azorín o Sergio Pitol, ellos tienen muchas ideas literarias. La teoría debe recuperar la capacidad de comunicación que existe entre el elemento reflexivo y los creadores. No sólo con los profesores, no sólo con los teóricos profesionales, sino con lo que los escritores han reflexionado sobre su propia tarea. Por ejemplo, lo más interesante que se ha escrito sobre el cuento lo han dicho escritores. No hay ninguna teoría de ningún teórico que haya llegado más allá que Edgar Allan Poe, Chéjov, Cortázar, Horacio Quiroga, sobre el cuento. Hispanoamérica es el lugar donde este género ha desarrrollado mayor grado de finura no sólo en su práctica sino también en su reflexión.
-¿A qué cree que se deba esto?
Considero que hay una gran riqueza de la vida americana que es la gran importancia que tiene la oralidad. El americano, en general, da igual que sea mexicano, colombiano, argentino, me refiero a los de habla hispana, tienen un enorme desarrollo discursivo, osea hablan mucho, aquí les gusta bastante lo que ustedes llaman platicar. Yo no creo que sea ajeno el desarrollo del cuento a esto, porque en realidad cuando alguien platica mucho acaba contando historias. La gente no lo sabe, pero constantemente está contando historias. A mayor volumen de oralidad, le corresponde mayor desarrollo del cuento y es una fortuna que espero que no se pierda. En España se ha perdido mucho la oralidad. Allá, quizá, sólo las mujeres andaluzas mayores hablan mucho, cuentan todo con detalle, con una riqueza expresiva, todo un relato, esa riqueza la burguesía la ha perdido. Eso es popular y, además, muchas veces la depositaria de la oralidad es la mujer, que es el elemento transmisor de las historias en las familias. Eso no sólo ocurre en el mundo judío, es cierto que en el mundo judío corresponde a la mujer la transmisión, pero en otros lados también pasa eso. García Márquez cuenta que el secreto de su arte narrativa está en los cuentos de su abuela. Él dice que las historias le nacieron de Sófocles y de su abuela. El primero le proporcionó el problema de las grandes cuestiones del mito. Por ejemplo, la Crónica de una muerte anunciada es Edipo. Es alguien que va a morir y todos lo saben, que es lo que pasa con Edipo y nadie se lo dice; al personaje de García Márquez le pasa eso. Entonces considero que las abuelas son las transmisoras y en la cultura familiar latinoamericana es todavía muy fuerte el componente mujer y oralidad, las dos cosas van unidas.
-¿Cómo le hace para haber leído todo?
Yo leo mucho y he leído mucho porque estoy desde los diecinueve años trabajando entre cuatro o cinco horas diarias en investigación.
-Eso se llama disciplina
Sí. Una disciplina que adquirí porque estuve durante ocho años en un internado de jesuitas. Iba a mi casa sólo en vacaciones, eso me hizo muy disciplinado. Pero al final vas acumulando una serie de trabajos y uno dice: “¿y todo esto para qué?”, porque sacrificas toda una serie de cosas y todo esto tiene que ser para darlo. Sobre todo, porque yo tuve la suerte de a los 28 años ya ser catedrático, fui el catedrático más joven de España. A esa edad ya había alcanzado el nivel académico más alto y era un crío, era un chaval, pero eso es una suerte porque, en cierta medida, has tenido que demostrar y lo demuestras con trabajo, estás haciendo libros, trabajando y no te has dormido por ya tener la plaza, eso es una muerte y estás vivo, y cuál es la mejor manera de estar vivo: darle vida a los estudiantes.
-¿A qué se refiere exactamente con “darle vida a los estudiantes”?
Darles aquello que tú crees, motivarlos, porque constantemente les están diciendo que escogieron mal, que qué hacen estudiando letras, eso es lo que les están diciendo a nuestros jóvenes. Por eso yo comienzo mis clases diciendo: “¡qué bien habeis hecho escogiendo esto!”. Porque son chavales y chavalas que han venido a estudiar literatura contra la voluntad de sus padres, por eso tienes que decirles, no con palabras, sino que ellos te vean que tú eres feliz, tienes que transmitir felicidad en tus clases. Transmitir felicidad y entrega es lo que a mí me queda, me tiene entusiasmado la posibilidad de comunicar que, además, es un compromiso moral. Yo doy más clases que las que me corresponden, por mi estatus, llevo ya tantos años o tramos de investigación, podría ya no dar clase, pero si a mí si me quitan el aula me matan; sobre todo, porque uno para qué está tantísimas horas estudiando ahí encerrado, ¿para quién?
-Además de las clases usted ha estado muy cerca de los escritores, de las editoriales, de los certámenes, ¿eso también le ha retribuído?
Sí. Mucho. Hace muchos años tuve una colaboración de crítica literaria en un periódico que se llamaba El Sol y ahí empecé a hacer crítica. Luego ese periódico fracasó como empresa. Finalmente me llamaron del suplemento cultural del ABC, que es uno de los suplementos culturales más prestigiosos y llevo ya doce años haciendo crítica literaria ahí, haciendo una crítica de novela semanal. Eso me ha dado una dimensión, porque uno es profesor y leer tanta literatura, pero luego conocer escritores, poder hablar con ellos, me ha enriquecido mucho. Yo tengo varios amigos que son buenos escritores y gente con la que me escribo o con la que hablo. Una cosa muy buena que me ha deparado la crítica literaria, los periódicos y el estar como jurado en premios literarios, es estar viendo cómo funciona la literatura: el tema de los agentes, de las editoriales, de la crítica. Por así decirlo, estás conociendo el sistema literario no como estudioso desde fuera, sino que lo estás viendo en partecitas. Muchas editoriales, sobre todo en España, ponen en las pastas de las novelas una frase mía, de mis críticas, como aval del libro, pero eso también te da una responsabilidad. La crítica me proporciona mucha riqueza, el estar muy vivo y en contacto con otras cosas que no tienes en las aulas, no por los chavales, sino por el sistema profesoral y de los colegas, que es un mundo mucho más funcionarial.
-En el seminario lo descubrimos afabale, sonriente.
Esas cosas son muy bonitas porque no me las habían dicho nunca. No me quiero hacer autoelogios. No. El problema no es ese, el problema es mostrar aquello que uno quiere ser. Sobre todo porque empiezo a tener la edad en la cual lo que quiero con los estudiantes es que vean que me doy, que me entrego.













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